El mercurio luminoso del empedrado.
El espasmo todavía en el cuerpo.
Volviendo a casa veloz por la ciudad
me llevo el aire
que te rodeaba
hace un momento
hace unos metros.
Ráfaga vibrante
tu presencia
que no veo con los ojos.
Serenidad reveladora
que vence las soledades ...
pasan los números, los semáforos,
se pliega el tiempo
y somos uno
el tiempo
tu perfume
el plenilunio
la velocidad
los números en sus óvalos blancos
los frentes de las casas
los semáforos
y este instante perpetuo.