Los menesterosos desdentados y puntuales de una u otra manera reciben las dádivas.
Soledad y amor perdido sentados en el banco que el tiempo esconde de los ruidos de las bocinas y de los ladridos.
El parque que hoy cruzo hacia el Bajo es el viento húmedo que trae la presencia del río que no veo y que está a pocas cuadras, un río pudridero de nuestras desgracias y de nuestras conciencias; y los ahogados en el sueño, último viaje planificado; y los exvotos apestosos santificados con aceites tornasolados; y, la ruleta rusa ...
Este río que trajo a los que se comían a su Dios cada día y que no dudaron en comer carne humana ...
Este Río que ahoga los gritos del mazazo diario en las cabezas de miles de vacas.